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Errar es de humanos, perdonar es Divino

“Necesitamos el perdón. Es lo que nos ayuda a sostener las relaciones, construir matrimonios que duren, mantenernos cercanos a nuestros hijos y cercanos a nuestros amigos. Decimos cosas que duelen y hacemos cosas que hacen daño. Y así hacen los demás con nosotros. El mero hecho de poder pedir perdón y ser perdonados es uno de los dones más benditos de la humanidad, y nada tiene de sencillo. Lo sustenta una determinada visión del Universo: la creencia de que Dios perdona. El perdón es el antídoto de la tragedia. Humaniza el mundo.” (Rabino Jonathan Sacks)

La Real Academia de la Lengua Española define el perdón como la remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente. Pero más allá de este significado, está el valor que como individuos le damos al perdón en nuestro cotidiano vivir.

Dentro de nuestro vocabulario, “perdón” es una de las palabras más significativas que pueda existir, y pudiéramos decir que una de las más importantes, pues representa una acción sublime en el ser humano e indispensable en el camino para alcanzar la paz entre personas, pueblos y naciones.

En nombre del amor, la democracia, libertad de expresión, religión, se han desencadenado muchas tragedias, guerras y masacres; pero en el nombre del perdón se han reencontrado pueblos, se unieron familias, y se han salvado millones de vidas.

Muchas veces no perdonamos por miedo o desconfianza de ser heridos nuevamente, otras veces por falta de comprensión y amor a nuestros semejantes. Por eso, perdonar es un acto de valor, que genera un cambio de actitud y una visión distinta del mundo; pero ante todo es una decisión que se debe realizar con el corazón, dejando a un lado el rencor y el orgullo, pues al final estos sentimientos negativos sólo lastiman a quienes los acunan en su interior.

Para perdonar es necesario tener amor, compasión y humildad, pero que provengan desde lo profundo del corazón. Hay que dejar a un lado el rencor y el orgullo, que son sin duda venenos que podemos tomar a gotas diariamente sin darnos cuenta, y sin duda pueden acabar matándonos espiritualmente. Estudios recientes han demostrado que las personas que guardan odio y resentimientos, con el tiempo son propensas a presentar enfermedades graves, los sentimientos se somatizan llegando a convertirse en cáncer.

El Dr. Jampolsky, psiquiatra estadounidense, dice que perdonar es renunciar a la esperanza de un mejor pasado. Esto nos muestra que la persona acepta su pasado, no se enfrenta más con él y perdona sus propios errores.

Para ilustrar el tema del perdón, existe un ejemplo de un episodio muy inédito: ocurrió en un tribunal oral de Esquel, en Chubut, Argentina. Allí, Héctor Fabián Chávez, de 25 años, estaba siendo juzgado por el crimen de Mariano Drew (de 27 años), el hijo de Ana María Suárez, la protagonista de esta historia.

El crimen ocurrió en Puerto Patriada (en plena cordillera de Chubut) el 22 de setiembre de 2005. Chávez discutió con Drew. Y dicen que lo mató pegándole con una piedra. Estaban en un auto de la víctima. Eran conocidos. Drew recibió golpes en la cabeza y en la cara. Según Chávez, cuando lo dejó, el joven aún estaba vivo. También reconoció que lo atacó. Pero siempre aseguró que lo hizo para defenderse.

En el juicio de Hector Chávez, recién había declarado el primer testigo cuando surgió el pedido: la madre de la víctima quería hablar con el acusado de matar a su hijo. El tribunal se lo negó. Pero ella igual se levantó de su silla, y en medio de una gran tensión se acercó al joven. Un silencio sepulcral llenó la sala. Entonces todos escucharon a la mujer: "Sólo Dios cura las heridas. Yo te perdono". Ante el desconcierto de todos, la madre de la víctima continuó diciendo: "Solamente la oración calma cada día mi dolor. Ayer cuando fui a la iglesia de San Cayetano, le oraba a la Virgen y pensaba que mi hijo está con Dios. Pero también pensaba en vos, que sos tan joven. No te voy a hacer daño. Sólo quiero darte esto".

La mujer abrió su mano. Allí tenía un rosario. Se lo dio a Chávez y le dijo: "Para que te acompañe durante toda la vida". Enseguida agregó: "Sólo Dios cura las heridas. Yo te perdono. Y si mi hijo te ofendió te pido perdón. Yo lo amaba y ahora quiero que vos no sufras".

La mujer siguió hablando: "Queremos abrazarte con amor. Es el amor el que también ayuda a curar las heridas". Después se abrazó con Chávez y sólo un sollozo interrumpió el silencio. (1)

Todos aquellos que son padres reconocen que no hay sentimiento más grande y sublime que el amor por un hijo, y el ejemplo de Ana María Suárez nos muestra que con desprendimiento de corazón y misericordia por el prójimo, podemos llegar a perdonar lo que ante los ojos de las personas parece inexplicable.

El perdón está presente en todas las facetas del ser humano, por eso las religiones tienen como uno de sus principios en común, el amor al prójimo y la misericordia. En el cristianismo, el Libro de la Biblia enseña la importancia del perdón a través de la oración hecha por Jesucristo, llamada “Padre Nuestro”: “…Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. Con esta frase se demuestra que ninguna persona está libre de cometer errores delante de Dios y con los hombres. Si los seres humanos necesitan de la misericordia del Altísimo, de igual manera deberíamos ser benevolentes con aquellos que lo ofendieron a través de actos o palabras. El mismo Jesucristo, en la Cruz del Calvario, realizó una de las acción de amor y perdón más conocida en la historia de la humanidad. En medio de expresiones de crueldad y desprecio, con su ultimo aliento de vida exclamó: “Señor, perdónalos, pues no saben lo que hacen.”

El budismo sostiene que en la contemplación de la ley kármica somos conscientes de que no hay razón para buscar venganza, que se debe practicar el meta y el perdón, pues el agresor es realmente el más desafortunado de todos.

En el judaísmo la experiencia de pedir perdón y perdonar constituye la acción más importante de la religión. El “Teshuvah”, es un pensamiento central para el judío, el cual significa “arrepentimiento”, y es revalorizar las acciones y corregirlas pidiendo perdón al Todopoderoso, al semejante que fue ofendido, y expresando misericordia por aquellos se sintieron ofendidos por nuestros actos.

El perdón se convierte en un tema sensible, y en un reto para todo ser humano en cuya vida el rencor y deseo de venganza ha pasado a ser una motivación, quizás por una ruptura familiar, un divorcio en medio de violentas recriminaciones, traiciones entre amigos y situaciones que han lastimado su corazón.

Hay una pregunta que se repite constantemente en los textos que abordan este tema: ¿Perdonar es olvidar? Es posible perdonar la mentira, el engaño, la traición. Seguramente usted dirá: ¿Cómo olvidar las acciones que nos hicieron sentir humillados, o aquellas que nos enfrentaron a situaciones injustas que no merecíamos? Esta acción es difícil pero no imposible. Uno de los primeros pasos es reconocer que como humanos también en algún momento de nuestras vidas hemos lastimado a alguien o podemos llegar a hacerlo. Como segundo paso debemos reconocer que no somos mejores que la persona que nos ofendió, hay que dejar de lado nuestro ego, no confundiendo nuestra ira con la justicia. Hay que ponerse en el lugar del otro y reconocer los propios errores.

Mire en su interior si hay algún sentimiento que le está produciendo intranquilidad. Libérese de él, no deje que el rencor controle su vida. Observe a su alrededor y reconozca si existe alguna persona a quien usted le haya deseado sufrimiento; si es así, este es el momento de acercarse a ella, extenderle una mirada sincera, una palabra franca.

Es posible perdonar. Créalo, sentirá un alivio en su corazón y dejará el camino libre para que la paz y la felicidad reinen verdaderamente en su vida. El perdón es la puerta a una vida plena, disfrútela.
Texto: Gabriela Lara
Edición: Carmen salzano _Roxana Egas

(1) Periódico el clarín, edición sábado 11 de noviembre del 2006

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